La nube (capitulo VII)

Mientras entraba en su casa, John intentaba calmarse, pensando que a un día tan raro como había sido aquel en el trabajo solo podía sucederle un extraño viaje de vuelta a casa.

Al salir del hotel estuvo cerca de ser atropellado por un coche negro que salió disparado del aparcamiento. Empeoro despues, cuando, a punto de llegar a su hogar, creyó observar ese mismo coche aparcado a unas pocas casas de distancia de la suya propia.

Cuando se acercó a echar un ojo al automovil, este arrancó y se alejó de allí a toda velocidad. En cualquier caso, John pudo observar como la matricula era distinta a la del coche anterior.

Dada la capacidad reflexiva del periodista, su cabeza tenía suficiente material con lo acontecido como para no pensar en otra cosa durante muchas horas. Así, John merendó, leyó e incluso vió la televisión antes de reparar en que algo era diferente. En principio, no habría sabido decir que era. Todo parecía estar en su sitio. Todo funcionaba con normalidad. Pero una vez se hubo instalado, esa extraña sensación no abandonó el subconsciente del jovén. Intranquilo, John comenzó a valorar la posibilidad de haber sufrido un robo. Pero, ¿ Por qué ?. No tenía nada que mereciera ese dudoso honor. Un nuevo repaso, la televisión, los papeles de la casa, su cartera, algun contrato, o el poco dinero que tenía allí. Todo, absolutamente todo estaba donde siempre había estado.

– ¡ El ordenador !

John no había pensado en su ordenador. Todas sus divagaciones habían conseguido que olvidara haberlo recibido ayer, procedente del servicio técnico, donde lo había enviado un par de días antes, tras comprobar que el aparato no se encendía despues de su “interacción” con Sipo.

Una minuciosa busqueda por la casa no reporto ningún éxito, hasta que, cuando ya estaba convencido de saber que se habían llevado, John divisó el embalaje del aparato junto a la puerta de entrada. Resultó que el equipo estaba aún dentro de su caja.

John emitió un profundo suspiro de alivio, pero no pudo evitar que su mente volviera a su frenetica actividad habitual.

– ¿ Que esta pasando aquí ?

Se preguntó a si mismo despues de que su cerebro, en ebullición, le insistiera en el difuso recuerdo de haber abierto el embalaje y colocado el ordenador en la mesa, una vez lo recibió.

– Juraría que no lo dejé aquí.

Se repetía, abrumado por la impotencia de no comprender en absoluto la situación. Termino por lanzarse a abrir la caja. El ordenador que allí había era como el suyo, desde luego, pero parecía intacto, recién salido de fábrica.

Histérico, John comenzó a revolver papeles, intentando encontrar el resguardo del mensajero que le hizo entrega del paquete.

A esas alturas, John habría dado las gracias porque el ordenador no hubiera estado allí, de ninguna manera. Todo habría sido más facil. El estaba acosumbrado a buscar historias en aquello que le rodeaba. Pero ninguna de esas historias le afectaba, practicamente. En todo momento tenía el control sobre las hipotesis que de forma casi instantanea daba a luz su imaginación. Esto era algo nuevo. Esas ideas disparatadas comenzaban a controlarle a el.

¿ Por qué ? ¿ Por qué demonios querría alguien robar un ordenador de un periodista que tiene que trabajar como jardinero porque no es capaz siquiera de encontrar un puesto en algún diario ? Más aún, ¿ Por qué entregarle uno nuevo ? No tenía ningún sentido. ¿ Por qué tomarse tantas molestias ?

En un acto reflejo, John encendió el ordenador mientras especulaba con todo aquello. Lo que había sido una pequeña molestia un rato antes, era ya un buen dolor de cabeza, que terminaba de romper la, por entonces debil, concentración del joven.

– ¡¿ Pero que ?! Joder!! Yo no… Joder!!!!

John se dió por vencido. El usuario y la contraseña que usaba habitualmente habían funcionado, y todo parecía estar en su sitio. Una indescriptible sensación de alivio invadió al periodista mientras navegaba entre lo documentos que seguían contenidos en el ordenador. Se convenció, por fin, de que todo había sido producto de su mente calenturienta. Asumió que había convertido una ejecución de la garantía del portatil en una conspiración en toda regla. Terminó por darse un par de golpes en la frente con la palma de la mano, y se dejo caer, hasta tumbarse en el suelo y respirar profundamente.

Un momento despues, ya relajado, casi divertido por la situación, y sin dejar de reprocharse el haber llegado a perder el control, decidió colocar el ordenador en su sitio. Lo apoyo en la mesa, conectó el ratón y desenrrolló el cable de alimentación para enchufarlo. Pero no lo enchufó. En cambio, dejó caer el cable mientras contemplaba como un trozo de otro cable colgaba de la toma de la pared, como si hubiera sido arrancado de un tirón.

Sin tener claro porqué, el coche negro eclipsó al resto de paranoias que habían regresado a la mente de John, como una tormenta en el desierto.John se sentó en la silla mas cercana, y se secó el sudor.

A duras penas, debido a que el miedo comenzaba a apoderarse de el nuevamente, intentaba recordar las matriculas de los coches que había visto esa tarde, cuando un sonido dejo su mente en suspenso.

Era el timbre de la puerta principal.

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Una respuesta a “La nube (capitulo VII)

  1. John se está volviendo loco, y parece ser que su ordenador guardaba información superimportante, yo si fuera él abandonaría esa casa y me refugiaría en casa del algún amigo.
    Pero el verá, porque su vida está en juego y su mente empieza jugarle malas pasadas.

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