La nube (capitulo IV)

La puerta parecía mas pesada de lo que era, y John tiró de ella con demasiada fuerza. El golpe resonó en toda la casa, pero Clark estaba tan inmerso en Sipo que no habría oido un elefante hasta estar debajo de una de sus patas.

Todo continuó en calma alrededor del ajetreado informático hasta que una casualidad interrumpió su momento de gloria. Tras varias horas de busqueda, clark había conseguido acceder al dispositivo, y una sonrisa de oreja a oreja denotaba su primer momento de relajación hasta entonces. Pero, cuando se disponía a echar un vistazo al contenido del misterioso dispositivo, sonó el teléfono.

Probablemente esa misma llamada habría sido desoida cinco minutos antes, pero Código estaba disfrutando el momento y penso que no había problema en alargarlo un poco más. Contuvo su curiosidad, suspiró y se levantó de la silla. Sin embargo, en ese instante, algo rompió la magia.

Clark comenzó a sentirse observado, sin entender muy bien porque.

– Tengo que salir más. Tanto estar encerrado me esta convirtiendo en un paranoico.

Pensó, incomodo.

– Diga?

Durante un instante, la única respuesta que obtuvo fue el silencio. Después, comenzó a oír algo parecido al ruido producido por un Fax o un módem. Código resopló como un caballo y colgó de un golpe, irritado.

– Becarios.

Pensó con socarronería, mientras volvía hacia la mesa. De pronto, se detuvo, petrificado en un rictus de alarma, y comenzó a correr hacia el portatil. A un metro del mismo, agarró el cable que lo unía al router, y, a su vez, a la linea telefónica, y lo arrancó de un tirón.

Se quedo mirando el cable descabezado mientras no sucedía nada. Frustrado, sintiéndose algo tonto, tiró el cable al suelo y completó el recorrido hasta la silla. Sin embargo, antes de poder sentarse, Clark observó, horrorizado, como un hilillo de humo comenzaba a elevarse desde el teclado del ordenador.

– Que?! Mierda! Mierda!! No!!

Sobrepasado por la situación, empezó a girar sobre si mismo, mirando a las ventanas. A la confusión le siguió la ira, y Clark comenzó a gritar hacia las ventanas, retando a quien fuera que estuviese ahi.

– Quien eres! Sal de una vez! Se que estas ahí! Sal!!

Pero nadie salió de ninguna parte. Ante la falta de respuestas, Clark sucumbió al miedo, y corrió a esconderse en su habitación. Cerrada la puerta, se apoyó contra ella y se dejo caer hasta acabar sentado, mientras sollozaba como un niño. Una vez más, nada ocurrió, y poco a poco la parte mas cerebral de Código recupero el control.

– Esto es absurdo.

Se dijo, mientras se secaba el rostro.

– ..simple casualidad. No hay tiempo material. No. Y las medidas de seguridad. Imposible.

Código descartaba las posibles explicaciones que se le ocurrían, hasta llegar a la conclusión más sencilla. Se había asustado por nada. Como si de un niño se tratase. Al final, terminó por reírse mientras se levantaba y abría la puerta para volver a echarle un ojo al portátil.

– Tengo que salir más.

Volvió a aleccionarse, mientras cruzaba el arco de la puerta, justo antes de que algo negro le golpeara en el rostro, dejandole inconsciente.

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