La nube ( capitulo III )

Parecía una broma del destino, pero sonó más como un timbre a las 8:30 de la mañana. A pesar de haber invitado a quien, presumiblemente, estaba detras de la puerta, Clark “Código” no había imaginado que la cita tendría lugar precisamente a esa hora.

– En serio?!

Se quejó entre dientes, poco despues del primer timbrazo, cuando con el rabillo del ojo izquierdo alcanzó a ver las manecillas del reloj.

– Estoy empezando a arrepentirme de haber impartido el master.

Pensó, mientras se frotaba los ojos, ya sentado en el borde de la cama. Una vez levantado, abrió la puerta de entrada, sin saber quien llamaba al timbre. El sueño y la irritación por verse obligado a madrugar aconsejaban pensar poco y actuar rápido. Todo ello aderezado con un ceño fruncido.

Al otro lado de la puerta, John quedó perplejo. Desde luego, la persona que le observaba tenía poco que ver con el profesor adjunto de aquel máster que ya parecía lejano en el tiempo. Despeinado, con una descuidada barba de 4 días y embutido en un elegante conjunto compuesto por un pantalón de chándal manchado de café y una camiseta arrugada, nadie hubiera imaginado a “Código” como uno de los mas reputados expertos del país en ciertos temas.

– Ehm…Hola Código.

– Hola. Eres John?

– Si…si. No me recuerdas?

– La verdad es que no. Pero seguro que tu a mi tampoco.

Por primera vez en dos días, Código rompió a reir.

– Ciertamente, has cambiado mucho.

– La culpa es de los aperitivos. Trabajo en casa desde hace un tiempo y ahora parece que estuviera embarazado.

De repente, Código se comportaba como si hablara con un viejo amigo, y las risas disimularon la confusión de John.

– Y bien, que tienes que enseñarme?

– Podemos pasar?

– Claro, pasa.

Al entrar, la visión de Código arrascandose el trasero obligo a John a apartar la vista, y prestó atención a la propia casa. Su anfitrion era una caja de sorpresas. Tan descuidado como parecía en su imagen, sin embargo habitaba un hogar gobernado por el orden. Solo la cama, todavía sin hacer, y una zona repleta de aparatos electrónicos suponían una nota discordante en la estructurada sinfonía.

Asombrado, John se acercó para observar mas de cerca un cuadro colgado junto a la puerta. Cuanto más se acercaba, más evidente se hacía la pequeña película de polvo que cubría los muebles. Desconcertado, el periodista volvió al centro de la sala con Código, que le observaba, divertido.

– Tu diras.

– Yo, eh…no se, es bonita. Es una casa bonita.

– Si, era de mis padres. Pero yo me refería a eso que aún no me has enseñado.

Algo ruborizado, John le entrego a Sipo. Código lo manoseo durante unos instantes, hasta que recordó que tenía un invitado.

– Ah, lo siento. Quieres tomar algo? Una cerveza?

– No son las 9 de la mañana.

– Es verdad!

John se unió a las risas del informatico, mas por cortesía que por voluntad.

– Puedes acompañarme mientras desayuno.

– Pero y el…

– Si, si. No te preocupes, lo examinare mientras.

Código ofreció leche y galletas a su invitado, que rehusó aludiendo ya haber desayunado. Mientras se relamía la leche del bigote, Clark estudiaba a Sipo. Pocos minutos después, algo desilusionado, preguntó a John:

– Por que me has traido esto? No parece mas que un pisapapeles de diseño.

– Como?

– No tiene interfaces, no puedo conectarlo a mi PC.

– Pero y la luz?

– Los mandos de garaje tienen luces. Te puedo poner una luz en un zapato.

– Pero…yo…Suponia. Supuse que cuando el ordenador..

– Si, ya me lo contaste ayer, John. Pero tengo un receptor bluetooth justo aq…

El rostro de Clark se torció en una mezcla de sorpresa y confusion. La luz del adaptador parpadeaba, pero su portátil no había reconocido ningún dispositivo. De repente, el talante paternal y jocoso del informático desapareció, dejando su lugar a una conversación consigo mismo, en voz baja y con los ojos entrecerrados.

John dejo escapar una media sonrisa, aliviado por el repentino interes de su anfitrión en el objeto de la curiosidad de ambos. Instantes despues, algo incomodo con los susurros de Clark, el periodista decidió iniciar una conversación, sin estar seguro de que le prestaran atención.

– Dices que la casa es de tus padres. Ellos..

– Murió.

Repuso Código en un tono distante, como quien responde afirmativamente al teléfono.

– Oh! Vaya, lo siento. Yo… lo siento mucho.

– No te preocupes.

Susurros, de nuevo.

– Murió?

– Mi madre. Cuando tenía 10 años.

De repente, un delgado hilo comenzó a unir todas las piezas del puzzle que Código había supuesto para John.

– De verdad lo siento. Y tu pad..

Antes de que pudiera terminar la pregunta, un reloj irrumpió en la conversación con una estridente alarma.

– Mierda, se me ha hecho tarde. Tengo que irme a trabajar.

– No hay problema, John. Te avisare cuando termine con esto. Te acompaño a la puerta?

Preguntó Clark, todavía con la cabeza gacha y la mirada llendo desde la pantalla del portátil a Sipo.

– No..ehm…no te preocupes..

– De acuerdo. Hasta luego entonces.

– Si. Hasta luego. Suerte, Código.

John no espero más respuesta y se fue.

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